El encuentro
Los peldaños de la escalera a mi departamento se habían
multiplicado.
La llave encajaba perfectamente en aquella cerradura. Al abrir
de inmediatamente pude percibir suavemente
aquel olor tan particular, tan único, aquel perfume… acariciaba mi
olfato, impregnando de tu esencia mis entrañas, mis tripas...
No estabas en la cocina, pero el olor a comida era fresco,
quizás era la de ayer, pero los condimentos sobre la mesa, eran los que a ti te
gustaban.
Toda mi energía estaba puesta en encontrarte… en el living,
en la pieza, o en el baño, el lugar no importaba, sino tú presencia. A esa hora
debieras haber llegado.
Dejo mi mochila sobre el sillón, la misma mochila, el mismo
sillón, en ese momento escucho el agua en el baño, seguro estabas ahí… quizás
estabas con tu pelo suelto, tu hermoso cabello, el mismo que cambia de color
según la estación del año, al igual que mi carácter, al igual que mi animo. Lo más
probable es que usaras esa polerita suave, la que deja ver el contorno de tus
pechos perfectos. Corro al baño para encontrarte, para abrazarte por la
cintura, recorrer tu cuerpecito con mis manos exploradoras… pero tán solo
encuentro una cascada solitaria cayendo desde la llave de la ducha, había
estado todo el día despilfarrando agua, despilfarrando vida.
Seguro estas en la habitación, recostada sobre mi cama,
esperándome, paciente, risueña… hermosa, madre, esposa… Todo el día había esperado
este momento, observar tus ojos de cerca, lamerte dulce… Como te había
extrañado…como te necesito.
Abro la puerta expectante y encuentro un desierto, murallas
bancas, frías, una cama revuelta, caótica, producto del insomnio. No te
encuentro, ¿Dónde estás? Te busque por toda la casa, por todos los rincones,
desordene hasta mis pensamientos, por si te habías escondido en alguno de
ellos. ¡Pero si te siento, tus cosas están aquí, tú esencia esta aquí, está en
mí!.
Quizás ya es tiempo de dejar de olvidar que va más de un
mes, desde que te fuiste, desde que no estás más…
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