martes, 29 de abril de 2014

Búsqueda.

Juan estaba pasando por un muy mal momento. Desde que se había mudado a Ciudad de Panama todas las cosas habían empeorado, su adicción a la marihuana no tenia control, todo el día pensaba en fumarse un pito, prendía una en la mañana para cocinar, por la tarde prendía uno para ver Los Simpsons y por la noche prendía el ultimo para irse a dormir.

En 3 semanas había perdido 2 celulares y el otro día tuvo que llamar al cerrajero ya que tampoco encontró sus llaves. En el trabajo le era imposible concentrarse, es más, por un error de tipeo había perdido 10.000 Dólares  y  su jefe estaba a punto de despedirlo. Hacía meses que su departamento en el centro estaba igual que cuando llego… lleno de cajas esparcidas por todos los lugares… habían días en que partía a ordenar y a los 20 minutos, estaba haciendo otra cosa, leyendo algo que encontró, escribiendo poesía o simplemente fumando Marihuana.

No podía partir nada nuevo, por más que intentaba comenzar algo, no podía, tomo clases de Origami y a los 10 minutos, estaba escribiendo sobre los papeles… Todo andaba mal.

Tomaba decisiones muy estúpidas… se había matriculado a clases de ingles, su curso era  3 veces a la semana y a una hora de distancia de su casa, claramente no asistió.

Juan llegaba tarde a todos los sitios, llamaba por teléfono a a números equivocados y no pocas veces se estrello con puertas y paredes. El Domingo pasado fue al trabajo! se dio cuenta a 3 cuadras de llegar que era día Domingo y que no debía trabajar ese día, al darse cuenta  Juan rio, y decidió tomarse esa mañana para caminar, imaginar, pensar, disfrutar su soledad… si no hubiera tenido esta tonta equivocación lo más probable que estaría durmiendo o fumando Marihuana. Comenzó a pasear por la ciudad, preguntaba los precios de cosas que no iba a comprar y trataba de hacer contacto visual con chicas guapas que se cruzaban. Paro a desayunar a un pequeños restaurant en la 7avenida con Jose Martí y miró pasiblemente el trato cordial de la camarera con sus comensales. Al rato después Juan siguió su camino, esta vez un extraño cartel en la avenida república de Uruguay llama profundamente su atención. Se acerca rápidamente y lee ¿Sabía usted que puede tener TDAH? El trastorno de déficit atencional con hiperactividad afecta a millones de personas en el mundo dificultando su vida diaria. CONSULTE A SU MEDICO. Juan quedando muy intrigado frente a ese cartel, de muy buena factura y colores llamativos decide subir las escaleras que están justo abajo del mensaje. Al entrar a la sala de espera, muy bonita limpia y blanca, no deja de notar un pequeño folleto en la mesa de centro, lo toma, lo abre, lo lee… Al terminar una sensación de paz y tranquilidad inundan toda su existencia, un gran suspiro, profundo, completo expresan esa emoción tan particular… al fin… Juan había encontrado

Un argumento

Una excusa

Un sentido


Una identidad.



Adrián Gonzalez

martes, 15 de abril de 2014

JAIME

El frío invierno de 1960  ya estaba causando estragos en Santiago, las poblaciones callampas alojadas en los bordes de la ciudad, resistían a duras penas los avatares de las fuertes lluvias, mientras que la tos y los estornudos componían una sinfonía de miseria conmoviendo a las jóvenes madres inexpertas.

Los barrios acomodados estaban desiertos, como si nadie viviera en ellos,  como si adentro estuviera todo bien…

La ciudad se había vuelto gris aquel día…

Eran las 10 am cuando Jaime por primera vez en su vida llegaba tarde al colegio. El peso de la tradición lo esperaba en la puerta recordándoles la importancia del lugar “Los sagrados corazones”.  Sus 17 años no se habían desechado, era el mejor de su clase, a pesar de no tener un apellido pomposo, Guzmán era referencia ineludible para sus profesores, no sus maestros.

Empapado corría por los pasillos, desesperado, descolocado… nunca antes había llegado tarde, no sabía que decir, ¿mentir? El peso de la culpa no lo dejaría dormir, ¿asumir? No era opción. Confusión.

Sin pensar dio tres golpecitos a la puerta de la sala de clases, como si no quisiera que fueran escuchados. La profesora abre la puerta y sorprendida observa ese pequeño y débil cuerpo mojado por la fría ciudad. Jaime, ¿sabes la hora que es? Tendrás que pedir autorización con el Padre Lira.

Al escuchar esto de inmediato sintió un cumulo de emociones, miedo, excitación, emoción, vergüenza… El padre Lira era el director del colegio, una persona casi sagrada, sus palabras siempre certeras acallaban cualquier intento de contra-argumentación, sus ojos grandes y sagaces parecían penetrar el alma, desnudar… Jaime era un asiduo a sus charlas, silencioso al principio en algunos años pasó a estar en la primera fila, ansioso por una verdad, única, solida, impenetrable, divina.

Lentamente recorrió los estrechos pasillos del colegio hacia la oficina del padre Lira, paso a paso, construía las oraciones que diría, justificaciones, excusas…

Jaime, estás todo mojado… que pasa, entra, cierra la puerta. Jaime temblaba de frio, de miedo…
He llegado tarde padre Lira, estoy muy avergonzado, prometo que jamás pasara de nuevo.
Jaime no te preocupes, ven, tomemos un café, siéntate.

El corazón casi explotaba, las manos sudaban, y las palabras no hacían sinfonía, aquella boca envejecida asomaba unos dientes pequeños opacos. Poco a poco la confianza dio paso a la cercanía, y un sentimiento extraño, difuso, recorría el cuerpo de Jaime, sensaciones prohibidas estaban a punto de llegar a la piel, mientras Jaime sólo concentraba su atención en las palabras salidas de sus manos veloces, constructoras de figuras explicativas en el aire.

10 minutos para Jaime el infinito observando a su maestro, el deseo ya era carne, deseo sucio, deseo oculto, deseo no dicho, besar, lamer, aquel cuerpo de experiencia, sagrado, violento.

Imaginación… Hacía años que Jaime luchaba con aquellos deseos… varias veces sus padres lo encontraban cortándose los muslos, para que nadie lo viera, para morir de a poco, para olvidar, para reprimir… Horas de lectura para focalizar una atención en rebelión, todo era deseo, deseo masculino, de posesión y sometimiento, deseo prohibido

¿Jaime te pasa algo? La mirada perdida en la fantasía, delataba sus pensamientos, cuando de pronto sin saber que estaba haciendo Jaime se levanta con fuerza y se acerca violentamente al padre Lira, lo besa, lo aprieta, lo toca, lo adora, sus manos pequeñas recorren aquella sotana oscura, jadeante de deseo, busca su pene, como demente…

¡Qué estás haciendo Jaime! ¡Estás loco! ¡Vete de acá! Los ojos de Jaime estaban desorbitados, acongojado y mudo da media vuelta y sale de la oficina…


La lluvia no paraba de caer mientras Jaime Guzmán se retira a su casa, confundido, enojado, reprimido, extinguido, como muerto en vida, encomendándose a Dios para que algún día puede apagar aquel deseo sucio, aquel deseo prohibido.

miércoles, 9 de abril de 2014

EL ENCUENTRO

El encuentro


Los peldaños de la escalera a mi departamento se habían multiplicado.

La llave encajaba perfectamente en aquella cerradura. Al abrir de inmediatamente pude percibir suavemente  aquel olor tan particular, tan único, aquel perfume… acariciaba mi olfato, impregnando de tu esencia mis entrañas, mis tripas...

No estabas en la cocina, pero el olor a comida era fresco, quizás era la de ayer, pero los condimentos sobre la mesa, eran los que a ti te gustaban.

Toda mi energía estaba puesta en encontrarte… en el living, en la pieza, o en el baño, el lugar no importaba, sino tú presencia. A esa hora debieras haber llegado.

Dejo mi mochila sobre el sillón, la misma mochila, el mismo sillón, en ese momento escucho el agua en el baño, seguro estabas ahí… quizás estabas con tu pelo suelto, tu hermoso cabello, el mismo que cambia de color según la estación del año, al igual que mi carácter, al igual que mi animo. Lo más probable es que usaras esa polerita suave, la que deja ver el contorno de tus pechos perfectos. Corro al baño para encontrarte, para abrazarte por la cintura, recorrer tu cuerpecito con mis manos exploradoras… pero tán solo encuentro una cascada solitaria cayendo desde la llave de la ducha, había estado todo el día despilfarrando agua, despilfarrando vida.

Seguro estas en la habitación, recostada sobre mi cama, esperándome, paciente, risueña… hermosa, madre, esposa… Todo el día había esperado este momento, observar tus ojos de cerca, lamerte dulce… Como te había extrañado…como te necesito.

Abro la puerta expectante y encuentro un desierto, murallas bancas, frías, una cama revuelta, caótica, producto del insomnio. No te encuentro, ¿Dónde estás? Te busque por toda la casa, por todos los rincones, desordene hasta mis pensamientos, por si te habías escondido en alguno de ellos. ¡Pero si te siento, tus cosas están aquí, tú esencia esta aquí, está en mí!.


Quizás ya es tiempo de dejar de olvidar que va más de un mes, desde que te fuiste, desde que no estás más…