María Granada
María había llegado a vivir a
Granada hace cuatro años… más que estudiar Sociología ella quería salir de
Mallorca, aquella isla rodeada de mar, agobiaban sus inquietantes ganas de
exploración, encerraban aquella fuerza juvenil capaz de crear como destruir.
La profunda libertad de los
primeros meses cautivo todos sus pensamientos y emociones, a kilómetros de su
origen las raíces se habían roto, podía volar… conocer, explorar, pensar,
sentir, desde cualquier lugar, de cualquier forma… María estaba feliz.
Al transcurrir los meses y los
años María había cambiado… la cocaína se había convertido en su ángel guardián,
siempre dispuesta a ayudarla cuando más lo necesitase, momentos en donde el
exceso de alcohol ya no lo dejaban mantenerse en pie, siempre podía volver a 0
y seguir bebiendo, su tambaleante caminar por calles y clubes eran un sello personal,
como queriendo decir; cualquier cosa puede pasar, su atención era difusa,
estaba en todos lados, pero en ninguno.
María se transformó.
A sus 22 años pagaba las culpas
de toda una cultura, era el recipiente del morboso y violento deseo masculino,
tal ritual obsesivo, todos los fines de semana comenzaba a emborracharse muy
temprano, el objetivo; anular cualquier
inhibición, entrar como V.I.P a la desestructuración de la formalidad y lo
esperable, anhelaba escenarios utópicos en donde su conciencia saliera de si al
ritmo de Hard Trance y alcanzar aquel concepto de libertad que en la realidad y
la cotidianidad ya no podía encontrar.
Cada fin de semana llegaba a la “Voge”
en busca del presente, una búsqueda infructuosa por el sin sentido sabiendo que
en la superficialidad no lo iba a encontrar, Maria no le importaba engañarse,
ya era demasiado tarde…
Su hermosa piel blanca como la
nieve y un trasero que parecía un poema escrito por la naturaleza en Braille
abrían las puertas de cualquier escenario, Maria se exhibía para ser abordada
por miradas lujuriosas, como si esa energía la pudiera canalizar. Se entregaba
a cualquiera que le prometiese que en la mañana la dejaría sóla, para seguir con
aquella única rutina que la mantenía con vida. El placer sexual no era la causa
de su promiscuidad, lo que buscaba era morir en aquella promesa de orgasmo que
jamás llegaba. Ella sin jamás haberlo querido se había transformada en un sacrificio,
una ofrenda, una víctima de un sociedad enferma y en decadencia, una Europa que
en su vejez habían aflorado todas sus perversiones. Su femineidad estaba
construida en torno a sus carencias, aquella herida primitiva de amor, ocultada
bajo cientos de recuerdos falsos y sexo casual, para de una vez por toda cortar
el vínculo estrecho entre amor y sexo.
María había endurecido su
carácter, el humo de miles de cigarrillos fumados en la soledad habían formado
una coraza muy difícil de penetrar, ella ya no creía en el amor, ya no recurría
al pasado para buscar su origen, ni le interesa aquel futuro de fantasía en
donde todos estamos mejor, María solo quería salir de sí misma, alcanzar por
fin aquella historia en donde la protagonista en una situación extrema y
subversiva acaba como un Rockstar y pasa a la historia como un símbolo de la
seducción de jugar con el límite.
La blasfemia constante, la
crítica irónica y la nula esperanza en si misma ni en los demás colmaban los
ambientes, sus muchos conocidos pero pocos amigos, no la veían más que como una
fiesta buena segura y la posibilidad de un polvo rápido y sin costos asociados.
¿Qué hicieron con María? Aquella
linda niña que jugaba con verdadera inocencia por las playas de Mallorca,
aquella hermosa mujer llena de amor reprimido en lo más profundo de su corazón
curtido por la decepción. Cultura enferma, vacía, intoxicada por promesas de
desarrollo… Cultura machista, violenta, cultura sexual, carroñera.
Hoy María se levantó temprano,
fue a la cocina a buscar un chocolate, sin prisa fue a su habitación, se cubrió
con una manta y cariñosamente abrazo su almohada, prendió la televisión y se
detuvo en unos dibujos animados, con una leve sonrisa casi imperceptible se
recostó sobre su cama, suspirando después de una hora lentamente se durmió. Hermosa
María… Descansa linda María
