domingo, 18 de enero de 2015

María Granada


María había llegado a vivir a Granada hace cuatro años… más que estudiar Sociología ella quería salir de Mallorca, aquella isla rodeada de mar, agobiaban sus inquietantes ganas de exploración, encerraban aquella fuerza juvenil capaz de crear como destruir.

La profunda libertad de los primeros meses cautivo todos sus pensamientos y emociones, a kilómetros de su origen las raíces se habían roto, podía volar… conocer, explorar, pensar, sentir, desde cualquier lugar, de cualquier forma… María estaba feliz.

Al transcurrir los meses y los años María había cambiado… la cocaína se había convertido en su ángel guardián, siempre dispuesta a ayudarla cuando más lo necesitase, momentos en donde el exceso de alcohol ya no lo dejaban mantenerse en pie, siempre podía volver a 0 y seguir bebiendo, su tambaleante caminar por calles y clubes eran un sello personal, como queriendo decir; cualquier cosa puede pasar, su atención era difusa, estaba en todos lados, pero en ninguno.

María se transformó.

A sus 22 años pagaba las culpas de toda una cultura, era el recipiente del morboso y violento deseo masculino, tal ritual obsesivo, todos los fines de semana comenzaba a emborracharse muy temprano, el objetivo;  anular cualquier inhibición, entrar como V.I.P a la desestructuración de la formalidad y lo esperable, anhelaba escenarios utópicos en donde su conciencia saliera de si al ritmo de Hard Trance y alcanzar aquel concepto de libertad que en la realidad y la cotidianidad ya no podía encontrar.

Cada fin de semana llegaba a la “Voge” en busca del presente, una búsqueda infructuosa por el sin sentido sabiendo que en la superficialidad no lo iba a encontrar, Maria no le importaba engañarse, ya era demasiado tarde…

Su hermosa piel blanca como la nieve y un trasero que parecía un poema escrito por la naturaleza en Braille abrían las puertas de cualquier escenario, Maria se exhibía para ser abordada por miradas lujuriosas, como si esa energía la pudiera canalizar. Se entregaba a cualquiera que le prometiese que en la mañana la dejaría sóla, para seguir con aquella única rutina que la mantenía con vida. El placer sexual no era la causa de su promiscuidad, lo que buscaba era morir en aquella promesa de orgasmo que jamás llegaba. Ella sin jamás haberlo querido se había transformada en un sacrificio, una ofrenda, una víctima de un sociedad enferma y en decadencia, una Europa que en su vejez habían aflorado todas sus perversiones. Su femineidad estaba construida en torno a sus carencias, aquella herida primitiva de amor, ocultada bajo cientos de recuerdos falsos y sexo casual, para de una vez por toda cortar el vínculo estrecho entre amor y sexo.

María había endurecido su carácter, el humo de miles de cigarrillos fumados en la soledad habían formado una coraza muy difícil de penetrar, ella ya no creía en el amor, ya no recurría al pasado para buscar su origen, ni le interesa aquel futuro de fantasía en donde todos estamos mejor, María solo quería salir de sí misma, alcanzar por fin aquella historia en donde la protagonista en una situación extrema y subversiva acaba como un Rockstar y pasa a la historia como un símbolo de la seducción de jugar con el límite.

La blasfemia constante, la crítica irónica y la nula esperanza en si misma ni en los demás colmaban los ambientes, sus muchos conocidos pero pocos amigos, no la veían más que como una fiesta buena segura y la posibilidad de un polvo rápido y sin costos asociados.

¿Qué hicieron con María? Aquella linda niña que jugaba con verdadera inocencia por las playas de Mallorca, aquella hermosa mujer llena de amor reprimido en lo más profundo de su corazón curtido por la decepción. Cultura enferma, vacía, intoxicada por promesas de desarrollo… Cultura machista, violenta, cultura sexual, carroñera.



Hoy María se levantó temprano, fue a la cocina a buscar un chocolate, sin prisa fue a su habitación, se cubrió con una manta y cariñosamente abrazo su almohada, prendió la televisión y se detuvo en unos dibujos animados, con una leve sonrisa casi imperceptible se recostó sobre su cama, suspirando después de una hora lentamente se durmió. Hermosa María… Descansa linda María